Una de bichos

Una de bichos

Apreto un botón, enciendo un monitor, miro, escucho o leo y de seguido puedo cabrearme si quiero.

!Quien te diría que podían llegar a ofertarte algo así!, pero es cierto.

Uno ya le va cogiendo el tranquillo a esta cuestión, aunque a veces como una víctima torpe, tropieza de nuevo en la misma piedra. Y quien dice pìedra dice canal de televisión, tertulia política, periódico… y se encuentra con un nutrido grupo de bichos a cada cual mas siniestro y retorcido.

Es verdad que los hay que buscan esa sensación. Mantienen el morbo o el grado de excitación para reencontrarse a menudo con declaraciones u opiniones que a su juicio atentan contra su propia integridad. Entonces estallan contra la voz que proviene de una radio, el personaje que habla en un televisor o pretenden entrar en la disputa debatiendo con quien tengan al lado.

La carne es débil y confieso que a veces también caigo en la trampa, pero solo unos segundos, enseguida me “libero”, aunque también veo a quienes se instalan en un cabreo continuo, una especie de adicción a enfadarse. Posiblemente les sirva de válvula de escape aunque yo a eso no me puedo sumar fundamentalmente por dos motivos:

Por un lado me niego a que cualquier patán al asalto me cambie el ánimo, ya que entiendo que esa es parte de la propia estrategia para venderse y ganar audiencia generando polémicas.

Y por otra parte diría que se gasta mucha energía y debe resultar frustrante estar cabreado con una pantalla de televisión o con las opiniones de tal o cual periodista vendido a determinados intereses, porque esa vitalidad la necesito para emplearme de una manera útil contra aquello que considero responsable de abonar la cizaña que me nace.

Llegados a este punto de miseria ética en la clase que nos domina (ni gobierna ni nada parecido, nos domina como un pastor a un rebaño), considero que me voy a perdonar incluso si me equivoco, voy a quererme un poco mas, los tiempos lo requieren.

Pero lo mismo en un rato enciendo el televisor y me veo tentado a discutir con una imagen cínica que…

Venga que no, que me tengo que cuidar.