Entrevista en el blog de Elkar

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Francisco Panera: “Más que como una novela histórica, veo El sueño de Akala como una novela de aventuras”

Francisco Panera (Bilbao, 1968) es el autor de El sueño de Akala, una novela que está llamando la atención, entre otras cosas, por su sugerente y poco usual ambientación histórico-geográfica, pues nos conduce al siglo I antes de nuestra era, a las inmediaciones del Nervión, donde las legiones romanas tratan de imponer su ley entre autrigones y caristios, que se disputan el control de una estratégica colina.

¿En qué consiste El sueño de Akala?
El lector o la lectora pueden empezar por imaginar un mundo que está a punto de sufrir un cambio radical, irreversible. En ese escenario aparece un río, el Nervión, en el que los romanos han trazado la frontera entre dos antiguas tribus vascas: la de los autrigones, al oeste, y la de los caristios, al este. El monte Malmasín, muy cerquita de Bilbao, entre los términos municipales de Basauri y Arrigorriaga, cuyo túnel es en la actualidad atravesado a diario por miles de automóviles, se sitúa en el centro del relato. Está situado al oeste de la frontera y, por tanto, debería pertenecer a los autrigones; sin embargo, siempre ha estado habitado por los caristios. Eso genera un conflicto que no interesa a Roma, enfrascada en su guerra contra los cántabros y, por tanto, necesitada de contar con una retaguardia tranquila y segura. Sobre ese telón de fondo van a ir desarrollándose una serie de tramas protagonizadas por muchos y variopintos personajes: un muchacho capaz de vislumbrar el futuro, un hombre que vive su longevidad como un castigo, una mujer acusada de brujería, un militar que en la cumbre en su carrera empieza a encontrar otra manera de entender la vida, un caudillo cegado por la ambición… No querría avanzar mucho más, pero ya adelanto que tanto las tramas como los personajes son simplemente medios para abordar cuestiones como el amor, la ambición, la lealtad o el precio de la libertad.

¿Es una novela histórica?
Hace referencia a determinados hechos y personajes reales, e incluso la propia portada puede inducir a pensar que se trata de una novela histórica, género que, por cierto, me encanta. Pero, sincenramente, no creo que se le deba poner esa etiqueta. En mi opinión, es ante todo una novela de aventuras. Eso sí, tiene un transfondo histórico, ese momento en el que Roma se asienta en todo el norte peninsular y las gentes autóctonas van abandonando sus poblados fortificados para instalarse en las vegas de los ríos y, en definitiva, dar paso poco a poco a una sociedad de la que somos herederos. Pero no sabemos exactamente cómo se produjo aquel proceso, de modo que el campo está abonado para llenar nuestras lagunas de conocimiento con la imaginación. Y eso es lo que he hecho a través de una novela que, insisto, ante todo considero de aventuras.

El marco geográfico que ha elegido es muy concreto…
Malmasín, las cuevas del Pagasarri o el bosque de Bolintxu son espacios muy presentes en la novela y adquieren tanto protagonismo como los propios personajes. Por supuesto que no es en absoluto preciso haber estado en ellos o saber siquiera dónde se sitúan exactamente para disfrutar de la historia, pero no me cabe duda de que a quien los conozca le resultará gratificante identificarlos, pues, para muchísimos vizcaínos, son escenarios habituales de juegos, de excursiones, de escapadas de fin de semana. Yo los he recorrido de chaval, con la cuadrilla, y lo sigo haciendo, ahora con mis hijos. Son lugares que no por cercanos tienen menor valor natural y, por supuesto, sentimental que otros de más renombre. He estado en esas cuevas, he disfrutado en esos parajes de días de sol y de lluvia, porque la lluvia en el monte a veces también se disfruta, y creo que esas sensaciones se reflejan en el texto. En ese aspecto, escribir esta novela ha sido algo muy grato, que, de alguna manera, me ha puesto en contacto de nuevo con mi niñez.

La novela está poblada por muchos y variados personajes…
Sí, llegué a tener una curiosa relación con ellos. A fin de cuentas, mientras escribía la novela yo me metía en sus cabezas, y no me cabe la menor duda de que ellos lo hacían en la mía. Es común que el autor tienda a identificarse con algún personaje, pero he de confesar que todos, incluso el más bellaco, tienen algo de mí, aunque, en realidad, creo que de cualquiera.

Da la sensación de que ha huido deliberadamente del maniqueísmo.
Más que huir deliberadamente, lo que he intentado es presentar personajes humanos y eso, lógicamente, me aleja del maniqueísmo. Algunos personajes son más fácilmente identificables por su bondad o su maldad, pero a veces identificamos “humanidad” con solidaridad, generosidad y otros conceptos que consideramos positivos. Pero eso nos lleva a obviar que la venganza, por ejemplo, es un sentimiento genuinamente humano. En otros seres vivos podremos reconocer el cariño por los suyos, el miedo, el valor… pero, ¿el afán de venganza? No creo que exista un solo ser que sea capaz de vengarse, aparte sel hombre. Quiero decir que no sólo la capacidad de bondad, sino también sentimientos como la venganza nos hacen humanos. Eso no es ni bueno ni malo, sino simplemente lo que somos: humanos. Pues eso es lo que he pretendido con mis personajes, que, ya sean crueles, valerosos o indecisos, sean siempre humanos.

Ha creado usted una web.
Sí, www.elsuenodeakala.com, con su respectivo perfil en facebook; también una cuenta de twitter. He incluido, por ejemplo, fotografías de Malmasín y sus alrededores. Quizá algún lector se sienta defraudado al comprobar que esos lugares no son exactamente como él se los había imaginado, pero me ha apetecido mostrar que existen, a pesar de que en muchas ocasiones hemos hecho o hacemos lo posible y lo imposible por desnaturalizarlos, por despojarlos de su esencia. Me gustaría que la web sirviera también para canalizar críticas y comentarios de los lectores, que, por supuesto, me encantaría recibir.

¿Ésta es su primera novela?
Es la primera que publico. En realidad, he escrito desde siempre, sin darle demasiada importancia, porque, en realidad, quizá no la tiene. Pero, claro, esto de publicar supone un acicate que le impulsa a uno a escribir “de otra manera”, de forma más consciente, quizá.

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