Dolor y las bombas

Dolor y las bombas

Un acontecimiento que marcó a generaciones y no solo de vascos.
El bombardeo de Gernika, hoy 85 años, está grabado a fuego y metralla en el imaginario pacifista y antifascista mundial.
Gernika quedó inmortaliazada por el cuadro de Pablo Picasso. Se convirtió en un símbolo, pero no fue ni el primer ni el único objetivo civil bombardeado durante la guerra civil.
La Legión Cóndor y la aviación italiana, al servicio de Franco, ya lo habían hecho antes en Durango, Otxandio… Y continuaron posterior a Gernika, arrojando miles de toneladas de bombas por todos los frentes, por la cordillera cantábrica que fue machacada, por Asturias y no se puede obviar, hablando de represalias contra la población civil, pasar por alto la Desbandá. La carretera entre Malaga y Almería, fue la tumba de miles de personas que huían de la ocupación fascista de su ciudad. Bombardeados desde el aire y el mar, acosados desde las sierras que flanquan aquella carretera. Es posible esta, la mayor atrocidad en cuanto a número de víctimas, cometida en aquella guerra.
Pero sí, Gernika cómo simbolo puede representar a todas ellas. También a las de conflictos posteriores y, actuales…
Sobre algo de eso, conversan en un bar estos dos personajes, en las primeras páginas de la novela Dolor.


(…)
—Qué raro todo. Y sobre los que serían mis abuelos, ¿puedes contarme algo?
—Tu abuelo se llamaba Julio y la abuela… no lo sé. Tanto él como su hermano Ramiro eran amigos inseparables de Fernando, mi padre. Así debió ser hasta que la guerra los convirtió en enemigos.
—Vaya lío.
—No es tanto. Del amor al odio solo hay un paso y todo esto es consecuencia de lo que se ha ido sembrando en la vida. Por eso entiendo muy bien lo que le ocurre a tu abuela. Ella no quiere que tomes la responsabilidad ni de vengar las faltas de otros, ni de cambiar las consecuencias del pasado. De aquellos tres amigos quedan vivos tu tío abuelo Ramiro y mi padre.
De nuevo, encienden otros dos cigarrillos, mientras Ángel pierde la mirada pensativo por encima de los hombros de Julen.
—Mira detrás de ti.
Julen obedece, pero al ver que solo hay unos barriles de cerveza apilados y el estrecho pasillo que abre camino hacia los servicios se vuelve intrigado.
—¿Qué tengo que mirar?
—Eso que hay colgado.
Julen vuelve a girarse, reparando ahora en una lámina enmarcada del Gernika, de Picasso en la pared posterior del bar.
—Ese cuadro lo habrás visto muchas veces.
—Claro. Está en mogollón de sitios. En el salón de mi casa hay uno igual que ese.
—A eso voy. Ese cuadro está en la mitad de las casas de los vascos, en los bares, en los txokos, en cualquier lugar…
—Tiene un significado especial para nosotros por lo que representa. Si quisieras, te podría explicar qué simboliza cada figura del cuadro, lo estudiamos en el instituto.
—Parece interesante, pero a lo que voy es a lo que nos cuenta esa pintura. Habla del dolor, de la muerte, de la guerra…
—Para algunos también nos habla del odio de los fascistas contra nuestra tierra.
—Puede ser, ¿y quién podría decir lo contrario si hubieses sido víctima directa de esas bombas? Una masacre como ese bombardeo condiciona y cambia el destino no solo de quienes sobrevienen, sino también de sus descendientes.
—Yo creo que el germen de la violencia que sufrimos en nuestra tierra tiene origen en esa guerra.
—Seguramente, pero… si ahora te dieses la vuelta y vieses ese niño muerto en brazos de su madre, me dirás que puede ser cualquiera de los críos que muriese en el bombardeo.
—Ya sé a qué figuras del cuadro te refieres —dijo Julen sin volverse.
—Bien, pues yo, cuando veo ese cuadro en tantos sitios, siempre tengo la misma idea.
—¿Y cuál es?
—Que ese crío también podría ser mi hermana Ana, que con dos años murió en la guerra, que la mujer podría ser mi madre, que también perdió la vida entonces. Podría ser cualquiera de los que murieron por culpa de las bombas de esos mismos aviones. Es un cuadro que me entristece.
—Supongo que cualquiera que haya sufrido algo similar puede hacer suyo el mensaje del cuadro.
—No me has entendido. He dicho esas mismas bombas, esos mismos aviones.
—Pues no te entiendo. Tú eres de un pueblo de León.
—¿Y crees que la Legión Cóndor solo bombardeó Gernika?
—Bueno, supongo que a lo largo de la guerra lo haría en más sitios.
—Esos mismos aviones arrasaron Dolor, de hecho, mi pueblo aún sigue en ruinas.