Sí, es un título con trampa, pues nada menos indicado que usar la expresión «blablá» , empleada para referirse a textos o conversaciones sin base ni contenido, cuando con ella hago referencia a una feria del libro. Pero las siglas BLA, (Bilboko Liburu Azoka en euskera) se prestaban al chiste.

Ya en mitad de la feria, este evento ha recobrado la fuerza que poseía antes de la pandemia y eso siempre es una buena noticia. Superado un fin de semana largo allí, con tres sesiones de firmas y aún me resta darme una vuelta por el recinto el viernes 10, a dedicar ejemplares de mis novelas a los lectores que así lo quieran y se acerquen por la caseta de la Librería Etxean.

El diario El Correo, publica hoy en su edición dominical, este artículo. Un texto que recoge gran parte del espíritu de Dolor.

Muy agradecido.

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El manzano del portal de casa es un viejito. A sus más de ochenta años ha perdido gran parte de sus ramas. Algunas eran gruesas como el torso de hombre, como el tronco de su base. Por ellas hemos trepado y a cobijo de su sombra y también la de su pareja, otro manzano, hemos comido, cenado, hemos rodeado la enorme mesa que en periodos de vacaciones se montaba entre ambos.

La verdad es que unas cuatro generaciones de la familia han recibido el cuidado de su sombra. Incluso su par gemelo, el manzano que murió el año pasado, sostuvo un columpio en el que primos, mis hermanas y yo, nos balanceábamos al ritmo que la rama nos indicaba y que parecía amenazar conque se iba a partir.
Pero eso no pasaba, es más, creo que debíamos ser su diversión cuando dejaba caer alguna manzana al pasar bajo su copa.
Ochenta años, o más, son muchos años para un frutal. Yo creo que no pueden alcanzar las existencias de un roble o un haya,, porque estos, los manzanos por ejemplo, gastan una energía vital que otros árboles no emplean.
Energía en crear fruta de una flor, energía que nos regalan en forma de manzanas. Por eso viven menos, y sus vidas, son similares a las nuestras. No le deis demasiadas vueltas a esto, es cosa mía.

Pero así todo, el manzano este año se está preparando para lucir como debe. Ya han brotado las hojas por las pocas ramas que le quedan, e incluso ha echado flores. Si esquiva las heladas, este otoño habrá manzanas.
No es eso lo más importante, lo que quisiera es seguir viéndole lucir su mermada copa. Se le ve con ganas, a pesar de tantas hormigas que han creado su colonia por entre su ahuecada corteza, a pesar de que el año pasado, así de improviso, se viniese casi la mitad de su copa al suelo.


Ha pasado el invierno y no se ha rendido, como le ocurrió a su compañero.
Aquel se derrumbó y este, ya ha comenzado con su particular ceremonia del adiós. Primero cae una rama seca, luego otra que se viene al suelo… Luego otras más.
No hay prisa en reemplazarlos, que sucederá, pero no ahora. Aun seguiremos juntos algún tiempo, alimentando nuestros recuerdos, prolongando hasta bien entrada la noche, la madrugada, tertulias y veladas estivales a cobijo de un viejo y tullido manzano.

El sábado 21 de mayo, estuve en la feria del Libro de Santurtzi, de nuevo invitado por la librería Sorgin de Sestao.

Fue la primera vez que compartí stand con una escritora infantil, Lola Núñez, de quien me maravilló su capacidad para conectar con lectores muy pero que muy jóvenes.

Buena tarde, cogiendo tablas por si alguna vez se me ocurre cambiar de público lector.

Así comienza el viaje iniciático de un tal Julen, en un capítulo de Dolor.

Y así, he encontrado las localizaciones, esta mañana por Bilbao. Un poco cambiadas, sí, pero no demasiado.

6. El viaje

La estación de La Concordia es un edificio de estilo modernista. Su fachada ornamentada que entremezcla cerámicas, hierro forjado y cristal, la convierten en un hermoso balcón desde el que asomarse hacia la ría de Bilbao, hacia el imponente teatro Arriaga y al laberíntico casco histórico de la villa.

Hacia esa estación camina Julen, y mientras cruza la ría por el puente del Arenal, va pensando en tales asuntos, si en efecto, son los edificios emblemáticos en una ciudad, los que la confieren de un talante particular, o si por contra, es la idiosincrasia de sus gentes, la que moldea y da forma a las construcciones, para que reflejen su ser y carácter. Especula y se adentra en cuestiones tan paradójicas, pues a pesar de no haber pegado ojo en toda la noche, está lúcido y mantiene el desparpajo conferido por los restos de la mescalina, que todavía se recrean por entre sus neuronas. (…)

Faltan poco más de diez minutos para la salida cuando, por fin, asciende la escalinata hacia el andén con su título de viaje. Arriba una larga y coqueta columnata de granito, le anima a acercarse y a apoyar sus manos en la balaustrada que se asoma sobre la calle Bailén.

Se libera del peso de la mochila, apoyándola a su lado y da lumbre a un Lucky que acaba de poner en sus labios. Exhala intensas bocanadas de humo y repara en que muchos otros antes que él, apoyados sobre esa misma piedra que como un balcón mira a la ciudad, habrían encendido su primer cigarrillo al llegar a Bilbao en aquel tren, que empezó trayendo carbón a finales del siglo XIX pero al que se fueron después subiendo, los jóvenes de los parajes por donde discurría el hullero. Convertidos en la mano de obra que rendiría su esfuerzo en la deshumanizada industria, que se expandía por las orillas de aquella ría, o se convirtiesen ellas, en empleadas domésticas de la floreciente burguesía vasca.

La locomotora, una ensordecedora máquina de gasóleo, emite un mugido sin fin, sin descanso, que no se interrumpe ni para tomar aire y retumba contra la cubierta de la estación. A Julen le parece una puesta en escena de vigor desproporcionado, para solo tres vagones que tiene que arrastrar. Pero toda la potencia que alberga, no será para nada desdeñable cuando el convoy encare las prolongadas rampas que lo ascenderán a la meseta.

El transporte le ha estado aguardando con las puertas abiertas y apenas unos segundos después de cruzarlas, se cierran tras un sonido de advertencia. Ya dentro, el retumbar de la locomotora disminuye, aunque su rumor persistirá a lo largo de todo el viaje.

A simple vista parece un tren de cercanías. La sobriedad del interior del vagón y el dudoso confort que el ofrecen sus asientos, no parece el más adecuado para un viaje que no será corto.

Viaja en el último vagón y tras dejar la aparatosa mochila en el portabultos, toma asiento pegando la cabeza a la ventanilla, para ir poco a poco serenando su mente de la tormenta de pensamientos dispares que le asaltan.

Al iniciar el Tren de La Robla la marcha, la vista del andén es sustituida por el caótico paisaje de cualquier estación, un discurrir de raíles que se entrecruzan, vagones de mercancías huérfanos y montones de traviesas apiladas sin orden. Seguidamente, se interna en un túnel, discurriendo bajo el barrio de Bilbao la Vieja, quizá también bajo la desarropada pensión El Paraíso o el calamitoso puticlub en el que el día anterior realmente comenzó su viaje.

Otra parada en este particular recorrido por librerías destacadas de la villa.

La primera presentación que hice, cuando me embarqué en esta travesía literaria, fue en 2012, en el mismo lugar que la hice ayer, en la librería Elkar de la calle Licenciado Poza, en Bilbao.

Estas cosas, tienen un especial valor que me apetece destacar.

El espacio que dedican en este local para este tipo de eventos es estupendo. Además, estuve muy bien acompañado y la charla resultó muy amena. Cuando acude un publico participativo, es un premio la verdad.

Viernes 29 de abril, un paseo hasta FNAC Donostia para presentar Dolor a los vecinos del otro extremo de la A8.

Repetía experiencia, puesto que mi primera incursión literaria en esta ciudad fue con mi anterior novela, Siete cuerdas y también en FNAC.

Siempre es un placer, por estos y otros motivos más lúdicos, darse una vuelta por Donosti y ya, aprovechar la jornada para callejear por lo Antiguo, mimando el espíritu y el paladar.

Tarde de firmas en Barakaldo, en su feria del Libro

Invitado por la librería Sorgin de Sestao, iniciamos juntos una serie de citas para dedicar ejemplares a los lectores también, en las próximas ferias de Santurtzi y Bilbao. Por cierto, muy agradecido de que me aguardasen con todas mis novelas.

Pero lo mejor, el volver a tomar el pulso a este tipo de eventos, después de dos años sin apenas actividad.

Y ya si encima nos reencontramos lectores que son amigos, o amigos que son lectores, alcanzamos la excelencia.

Agenda apretada de presentaciones y firmas entre finales de abril y primeros de mayo.

El martes 26 de abril, estuve en FNAC Bilbao. La verdad es que ya es una cita habitual, pues con cada una de mis novelas, por allí nos hemos acercado manuscrito y autor a presentarnos a los lectores.